Cuando la reina Victoria escandalizó a la puritana sociedad victoriana.

El escocés John Brown escolta a la reina Victoria en un paseo a caballo
Con el término "victoriana" se conoce a la época en la que Gran Bretaña se encontraba bajo el reinado de la famosa reina Victoria, que gobernó durante nada menos que sesenta y cuatro años desde 1837 hasta 1901.

En lo social, esta época se caracterizó por un clima de puritanismo y de represión sexual en el que se hacía virtud del mantenimiento de los convencionalismos sociales, y en el que entre las clases altas cualquier desviación del comportamiento considerado como debido era objeto de gran escándalo y de murmuraciones; los protagonistas de estos escándalos se convertían en parias dentro de la estirada alta sociedad británica. 

Lo cierto es que este convencionalismo oficial se quedaba más bien en la superficie, como bien atestiguan multitud de novelas de corte romántico de la época en las que invariablemente el centro de la trama se encontraba en cuestiones amorosas que desafiaban a la puritana sociedad victoriana; las obras de Jane Austen y de las hermanas Brontë son los principales ejemplos de esta literatura.

Sin embargo hubo un episodio que causó gran escándalo en la sociedad "victoriana" y que fue protagonizado nada más y nada menos que por la propia soberana que daba nombre a dicha sociedad, la reina Victoria. Casada en 1840 con Alberto de Sajonia-Coburgo Gotha, la historia de amor que ambos vivieron fue cortada abruptamente por la muerte de Alberto en 1861. 

Victoria no se sobrepuso al dolor de la muerte de su amado esposo e inició un período de luto riguroso en el que pasaba largas temporadas en el castillo de Balmoral. En los períodos que en dicho castillo había pasado junto con su esposo, Alberto había hecho amistad con un curioso personaje: el ghillie (sirviente de campo) escocés John Brown, quien tenía una habilidad especial con los caballos y que se granjeó la confianza y el afecto de la real pareja.

Cuando Victoria se retiró a Balmoral tras la muerte de su esposo John Brown fue llamado a retomar sus antiguas funciones y acompañar a la reina en sus paseos a caballo. Dotado de una fuerte personalidad, aficionado a la bebida y poco respetuoso con las reglas de la etiqueta Brown fue gozando de un protagonismo cada vez mayor en la vida de la reina, hasta el punto de que los rumores sobre la existencia de una relación amorosa entre ambos empezaron a circular como la pólvora en la puritana sociedad a la que Victoria daba nombre. 

El hecho de que la afectada por los rumores fuese la propia soberana hizo que el círculo de poder político del país pusiera sordina a los mismos, pero la reina jamás se preocupó de tomar medidas para que se les pusiera fin y siguió con su amistad con Brown. Incluso después de su muerte en 1883 hizo erigir una estatua en su honor con la siguiente inscripción: amigo más que sirviente. Leal. Sincero. Valiente.  Generoso en el cumplimiento del deber hasta la tumba. 

Mucho se ha escrito sobre la relación entre Victoria y Brown; hay quien incluso sugiere que se llegaron a casar y que ella tuvo una hija de Brown, aunque las fuentes que lo afirman no me resultan convincentes. En todo caso, para quien quiera conocer más a fondo esta curiosa historia le recomiendo la película Mrs. Brown protagonizada por Judy Dench en el papel de la reina Victoria y por Billy Connolly en el de John Brown.



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